Seleccionar página

Obras

dadacuentistas

Cuatro tristes espinas

Español | Microrrelatos

Fuera todo estaba oscuro. Me despedí del mundo y yo misma cerré la tapa de mi ataúd.

Me faltaba el aire. La losa de la responsabilidad y los remordimientos me oprimían el pecho hasta ahogarme. Nunca debí hacerlo.

Mi última muñeca aún olía a nueva. Tenía mucho pelo por peinar y un sinfín de vestidos con los que inventar personalidades fantásticas, pero ahora estaba muerta. Era un plástico inerte.

Mi espejo mágico se había hecho añicos y ya no sería jamás la más bella del reino.

Mi piel, antes perfecta, estaba marcándose para siempre y mis labios rosas y suaves eran ahora pálidos y demasiado finos.

— Estoy enamorada de ti.

Había reunido todo mi coraje, había abierto una rendija en mi vulnerabilidad y le había confesado esas cuatro palabras. Cada una de ellas era ahora una espina quemando mi corazón. Ardía por dentro.

Él me miró con ojos de superioridad y me escupió con desprecio su respuesta:

— Pero si no eres más que una cría.

La boca que tanto había deseado besar me había devorado la ilusión.

Mi inocencia se quemaba, se evaporaba.

Mi cuerpo de niña se abrasó hasta convertir mi infancia en un puñado de cenizas grises.

Pero volvió a salir sol y no sé cuánto tiempo después, resucité.

Destrocé mi tumba y salí al exterior.

De los restos de mi ayer solo quedaban cuatro tristes espinas que tendría que sacarme poco a poco, con cuidado.

Este sería el primer paso de mi nueva vida adulta.

Relato registrado en Safe Creative con código
1909302051453